Identidad

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Vivimos nuestras ciudades sin apenas mirarlas. Nos acostumbramos a sus calles y plazas, a sus colores, a sus parques, a sus olores y sonidos. Nos sorprendemos cuando vemos algún turista con la cámara, fotografiando algún rincón sobre el que posamos nuestros ojos. Vemos imágenes de nuestra ciudad en la televisión, o en alguna revista y nos vuelve a sorprender, aunque en cuanto salimos a la calle lo olvidamos por completo.
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Lo que describe una ciudad no son sus edificios singulares, sino las calles silenciosas que nos llevan de casa a nuestro trabajo, del hotel al estadio, de la estación de autobuses a la de ferrocarril. Algún edificio nos hace caer en la cuenta del hecho de que la ciudad tiene historia, aunque probablemente sólo alcancemos a entender que es un edificio antiguo, y nuestra ignorancia nos impida ver más allá de la pátina del tiempo. Como mucho nos acercaremos a leer disimuladamente un pequeño, y seguramente pintarrajeado, cartel explicativo que nos llene la cabeza de nombres y fechas.
Las ciudades crecen en forma de nuevos barrios residenciales al estilo americano, de baja densidad, sin tiendas, sin bares, sin iglesias. No son ciudad. Y en los casos de nuevos núcleos residenciales de media densidad, cercanos al centro físico de la ciudad cuyo modelo se intenta copiar, siguen volviéndose barrios dormitorio. No son ciudad.
La ciudad es la calle llena de gente, es ruido de músicos ambulantes, de coches, algarabía a la salida del colegio, olor a fritanga de los bares. Es el ruido de los semáforos que nos avisan que podemos cruzar, es la luz de los escaparates en la temprana noche de invierno. Es encontrase con un vecino en el portal, es pasear al perro por el parque. Es la parada del bus llena de gente.
Los nuevos modelos no consiguen crear ciudad. Por más que se intentan imitar modelos más o menos fáciles, el centro siempre gana la partida. Es la fuerza de la costumbre? O es que la ortogonalidad de las calles y las amplias distancias entre edificios hacen que se esté perdiendo la escala de la ciudad? Por qué si no sigue siendo más caro vivir en el centro, en un edificio antiguo y seguramente con peores condiciones de iluminación, de ventilación, casi seguramente sin garaje, con una estructura maltrecha, frente a una nueva construcción de (en teoría) muchísima mayor calidad constructiva?
En una gran ciudad como Madrid, Barcelona, Londres o Nueva York, el centro supera por poco a otros centros menores, barrios muy consolidados y con identidades muy definidas (Chueca, Lavapiés, La latina, El Borne, Gracia, Greenwich, Chelsea, Notting Hill, el Village, Harlem, etc). En ciudades más pequeñas, el centro no tiene rival, no hay identidad de barrio que pueda competir con aquél. Y qué va a ser de los nuevos barrios dentro de 20 ó 30 años?

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6 comentarios en “Identidad

  1. Bonitas reflexiones. Tienes razón: el contraste que hay entre el abandono de ciertos edificios del centro con respecto a otras zonas más alejadas a veces es demasiado acusado…Ojalá cambiaran las cosas

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  2. Bonitas reflexiones. Tienes razón: el contraste que hay entre el abandono de ciertos edificios del centro con respecto a otras zonas más alejadas a veces es demasiado acusado…Ojalá cambiaran las cosas

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  3. Si a esto (la complejidad cabalgante de nuestros entornos físicos y "virtuales") le sumamos nuestra capacidad cada vez menor de observación y el lastre educativo (especialmente en España) en todo lo relacionado con lo contemplativo, o sea a ver "más allá", o "a través de", nos encontramos que desbrozar la realidad hasta dejarla en sus signos de esa cosa tan pasada de moda que es el "genius loci",o abstraerla en sus partículas elementales para poder entenderla, se hace, digo, cada vez más difícil y a la vez apasionante. No es que no haya Identidad, incluso en los espacios más periféricos y anónimos, aparentemente callados y vacíos de contenido, sino que esa nueva identidad no queremos verla porque asusta, porque pone el pelo blanco. Sus trazas de emoción sólo pueden ser ya sublimadas a través de la poética de las disciplinas plásticas(o no solo) que a veces hacen la Alquimia que no estamos dispuestos a hacer por nosotros mismos, dado que esa reacción química mágica que nos reconforta de alguna manera con estos lugares es cada vez más endotérmica, y esa energía es necesaria para otros menesteres ya. O sea, que la identidad yo creo que más que desaparecer ha cambiado, y de hecho parecen muchas mezcladas. Generalmente en el fondo la toleramos, la tragamos y pasamos por encima, pero por muy modernos que seamos, tampoco nos gusta a casi nadie.

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  4. Si a esto (la complejidad cabalgante de nuestros entornos físicos y "virtuales") le sumamos nuestra capacidad cada vez menor de observación y el lastre educativo (especialmente en España) en todo lo relacionado con lo contemplativo, o sea a ver "más allá", o "a través de", nos encontramos que desbrozar la realidad hasta dejarla en sus signos de esa cosa tan pasada de moda que es el "genius loci",o abstraerla en sus partículas elementales para poder entenderla, se hace, digo, cada vez más difícil y a la vez apasionante. No es que no haya Identidad, incluso en los espacios más periféricos y anónimos, aparentemente callados y vacíos de contenido, sino que esa nueva identidad no queremos verla porque asusta, porque pone el pelo blanco. Sus trazas de emoción sólo pueden ser ya sublimadas a través de la poética de las disciplinas plásticas(o no solo) que a veces hacen la Alquimia que no estamos dispuestos a hacer por nosotros mismos, dado que esa reacción química mágica que nos reconforta de alguna manera con estos lugares es cada vez más endotérmica, y esa energía es necesaria para otros menesteres ya. O sea, que la identidad yo creo que más que desaparecer ha cambiado, y de hecho parecen muchas mezcladas. Generalmente en el fondo la toleramos, la tragamos y pasamos por encima, pero por muy modernos que seamos, tampoco nos gusta a casi nadie.

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  5. Lo complicado del buen urbanismo es que lo que debería provocar no puede salir en los planos. Todas estas pequeñas cosas, que como bien dices Daniel, son las que hacen que la ciudad se algo mágico, no salen en ningún standar, ni dependen de la altura del edificio y mucho menos tiene mármol en sus suelos. Como casi siempre lo más importante no se puede demostrar científicamente y por eso se nos escapa a nuestras racionales y cuadriculadas mentes. Nuevamente felicidades por la reflexión!

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  6. Lo complicado del buen urbanismo es que lo que debería provocar no puede salir en los planos. Todas estas pequeñas cosas, que como bien dices Daniel, son las que hacen que la ciudad se algo mágico, no salen en ningún standar, ni dependen de la altura del edificio y mucho menos tiene mármol en sus suelos. Como casi siempre lo más importante no se puede demostrar científicamente y por eso se nos escapa a nuestras racionales y cuadriculadas mentes. Nuevamente felicidades por la reflexión!

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