Contrastes y contradicciones

Apuntes, Blog, CCAD

Es posible que algún lector, a estas alturas, todavía no conozca Planeta Beta. Se trata de un programa de radio, que se emite los jueves a las 20.00h por Radio Círculo y dirigido por Enrique Encabo e Inma E. Maluenda [EG se encarga de hacer publicidad cada semana].

Pero no va esta entrada de publicidad del programa que, en cualquier caso, recomiendo. Va de que a veces, un servidor piensa cosas que se van ordenando en temas que parece que pueden formar un artículo para este blog. Y a veces, este servidor, piensa cosas que no terminan de coger forma. El otro día me sorprendí al reconocer una de las últimas ideas que me rondaba la cabeza, palabra por palabra, en la introducción del programa de Planeta Beta del pasado 2 de Diciembre de 2010 [dedicado a Mathías Klotz].

http://elcofrecito.net/imagenes/el-ataque-de-los-clones-de-lego/

Por eso paso a transcribir, literalmente, dicha introducción. Suscribo cada palabra [aunque yo no haya estudiado en Madrid, en todas partes se cuecen habas], aunque naturalmente todos los créditos son para Planeta Beta y su equipo de redacción:

Como siempre estamos hablando de problemas, desapariciones, injusticias, recelos, obras, recortes, crisis y desesperanza, uno tiene cierta sensación de pérdida de tiempo y de que la arquitectura existe para que pueda servir de descarga permanente de adrenalina, de punching ball.

¿Le gusta la arquitectura a los arquitectos? “Claro”, me dirán . Yo la verdad es que no lo tengo demasiado claro. Lo que creo que le gusta a los arquitectos es, en realidad, y de verdad, una idea de arquitectura. Y ante todo reafirmarse en ésta enfrentándose a la contraria. Ese es el auténtico deporte del arquitecto. Ese es el auténtico placer.

Creo [tengo la sensación] que vivimos, hacemos, discutimos y acordamos sobre arquitectura como acuerdan los líderes tribales antes de la batalla.

¿Es el arquitecto un lobo para el arquitecto? Desde que conozco esta profesión, casi desde el inicio de mi estancia en la Escuela, o de mis muy inmaduras conversaciones profesionales, siempre ha prevalecido, invariablemente, la crítica en contra. La crítica gustosa en contra. Hasta tal punto que hemos convertido la crítica positiva [que algo nos guste, el afirmar que algo nos gusta] en algo sospechoso. Es más, hemos convertido la  descripción neutra y hasta la duda, en algo sospechoso. Esto último causado, seguro, por la muy repetida confusión que suele darse entre publirreportaje e información.

Supongo que es consustancial a la muy latina cultura de la confrontación a navajazos, pero resulta un tanto estresante, la verdad. Porque una cosa es discutir con vehemencia sobre arquitectura y oponer distintas posturas e, incluso [para nota] acabar encontrando puntos de acuerdo, y otra la sensación de que se está larvando, poco a poco, una batalla, y que en algún momento se encontrarán las fuerzas en campo abierto. Supongo que esa dialéctica que desde el principio se incorpora a todo estudiante, esa suerte de fascismo arquitectónico, puede tener parte de culpa. Así que “he tenido la suerte” [entre comillas bastante grandes] de observar a catedráticos aún en activo de mi antigua Escuela [la Politécnica de Madrid] reírse de un alumno por expresar su preferencia por Nouvel [tercero]; oír hablar de Le Corbusier como un timador barato, o prohibir a los estudiantes acudir a una charla de Jacques Herzog a 50m de distancia del auditorio bajo amenaza de suspenso.

He tenido también la fortuna de ver cómo se acuñaban términos como frívolo, insensato o fantasioso, como si fuera algo negativo [y también, por qué no, cajaespañola].

No se trata de que los profesores se junten en el patio y canten juntos we are the world o give peace a chance pero sí creo que sería razonable que un cierto rebaje de decibelios redundase en algún respeto a la libertad del alumno. Y que determinados profesores fueran tan adaptables como para dejar que el alumno negociase su forma de expresión en sus propios términos. Y no tratar de realizar pequeñas versiones de cada uno de ellos mismos [los docentes] cada vez que se aborda un trabajo.

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4 comentarios en “Contrastes y contradicciones

  1. Uf, mezclas dos temas tangentes pero no secantes. Por uno la necesidad de crítica pro-activa que no sea mero zalamerismo. Creo que uno de los mejores ejemplos de que se puede hacer y de cómo hacerlo es el trabajo de Jaume Prats.

    Por otro lado, el tema de la crítica y el agravio comparativo en las escuelas… ahí disiento ligeramente. En las escuelas hay que provocar, y si un alumno viene y me enseña un trabajo lleno de referencias a Miralles, tendré que poner a Don Enric a caer de un burro, aunque me pese y sabiendo entre nosotros que jamás tendré capacidad ni autoridad para siquiera intentarlo, y además me fascinan sus obras). La crítica feroz hacia cualquier cosa que venga de los alumnos debería endurecerlos, y hacer que se activen sus capacidades de pensamiento propio. Por desgracia, ese tipo de acción, demasiadas veces lleva a que los alumnos “clonen” a sus docentes. En este caso la solución es fácil: “criticar (auto-criticar) al docente clonado con mayor virulencia todavía”

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  2. Uf, mezclas dos temas tangentes pero no secantes. Por uno la necesidad de crítica pro-activa que no sea mero zalamerismo. Creo que uno de los mejores ejemplos de que se puede hacer y de cómo hacerlo es el trabajo de Jaume Prats.

    Por otro lado, el tema de la crítica y el agravio comparativo en las escuelas… ahí disiento ligeramente. En las escuelas hay que provocar, y si un alumno viene y me enseña un trabajo lleno de referencias a Miralles, tendré que poner a Don Enric a caer de un burro, aunque me pese y sabiendo entre nosotros que jamás tendré capacidad ni autoridad para siquiera intentarlo, y además me fascinan sus obras). La crítica feroz hacia cualquier cosa que venga de los alumnos debería endurecerlos, y hacer que se activen sus capacidades de pensamiento propio. Por desgracia, ese tipo de acción, demasiadas veces lleva a que los alumnos “clonen” a sus docentes. En este caso la solución es fácil: “criticar (auto-criticar) al docente clonado con mayor virulencia todavía”

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  3. En efecto, Miguel. No sólo Jaume, muchos más, por suerte, hacen ese otro tipo de crítica. Lo que se dice ene sta entrada es que prima el otro tipo, la negativa, y que casi arrincona a la pro-activa, haciendo que sea “necesaria”, como bien la describes.

    Para aprender a pensar por uno mismo, el alumno, inevitablemente, copiará (en los inicios, se entiende): no se trata de criticar al original (a veces sí), sino de hacer entender que la copia burda no vale de nada. No creo que tengas que poner a Miralles a caer de un burro para que un alumno aprenda a leer sus proyectos, a encontrar referencias si las hay, y asumirlas y aplicarlas a su trabajo de forma natural, lógica y productiva. Si se hiciera como dices con cada alumno, no quedaría títere con cabeza, y no creo que se trate de eso. Tú mismo admites que la solución que toma el alumno, la consecuencia, es “clonar al docente”: es más superviviencia del alumno que no capacidad del docente “fabricar clones”, porque al final, muchos ven la carrera como una carrera de obstáculos y lo importante es terminarla entero, y cuanto antes (pero esto es ya otro tema).

    Quizá no sean temas tangentes, sino más bien paralelos. Homotécicos, quizá, uno consecuencia del otro, y espejo cada uno del otro. Se nos educa arquitectónicamente en un bando, y se nos enseña a aborrecer los otros bandos. Y eso se ve en las escuelas y se ve en la profesión, en las críticas que se pueden leer de los trabajos de otros, de los concursos…

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  4. En efecto, Miguel. No sólo Jaume, muchos más, por suerte, hacen ese otro tipo de crítica. Lo que se dice ene sta entrada es que prima el otro tipo, la negativa, y que casi arrincona a la pro-activa, haciendo que sea “necesaria”, como bien la describes.

    Para aprender a pensar por uno mismo, el alumno, inevitablemente, copiará (en los inicios, se entiende): no se trata de criticar al original (a veces sí), sino de hacer entender que la copia burda no vale de nada. No creo que tengas que poner a Miralles a caer de un burro para que un alumno aprenda a leer sus proyectos, a encontrar referencias si las hay, y asumirlas y aplicarlas a su trabajo de forma natural, lógica y productiva. Si se hiciera como dices con cada alumno, no quedaría títere con cabeza, y no creo que se trate de eso. Tú mismo admites que la solución que toma el alumno, la consecuencia, es “clonar al docente”: es más superviviencia del alumno que no capacidad del docente “fabricar clones”, porque al final, muchos ven la carrera como una carrera de obstáculos y lo importante es terminarla entero, y cuanto antes (pero esto es ya otro tema).

    Quizá no sean temas tangentes, sino más bien paralelos. Homotécicos, quizá, uno consecuencia del otro, y espejo cada uno del otro. Se nos educa arquitectónicamente en un bando, y se nos enseña a aborrecer los otros bandos. Y eso se ve en las escuelas y se ve en la profesión, en las críticas que se pueden leer de los trabajos de otros, de los concursos…

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