Arquitectura oral

Apuntes, Blog, CCAD

Existe un fenómeno muy curioso en torno a la arquitectura del cual somos esclavos muchos de nosotros, pero no sólo. Además de a los arquitectos, a otras profesiones cercanas les ocurre, aunque quizá en menor medida y seguramente con otros objetivos.

 

Pero es un hecho que la arquitectura y todo lo periférico a ella está envuelta en un denso manto de palabras que, en muchas ocasiones, se convierte en tela de araña de la cual es imposible escapar. Esto ocurre en varios ámbitos: por supuesto cuando la arquitectura se acerca a la política (y muy en especial cuando son los políticos quienes hablan de arquitectura), ocurre en el ámbito académico (aunque aquí creo que está plenamente justificado), pero sucede también en el día a día de muchos de nosotros.

Quizá sea porque los tiempos en arquitectura son de por sí dilatados (y en ocasiones algo más, si cabe) y nos vemos en la necesidad de llenar los espacios con explicaciones, con justificaciones, con interminables rodeos, con lo que haga falta.

¿A alguien le suena aquello de excusatio non petita…?

Dejando al margen las palabras inventadas, los verbos inconjugables, los latinajos (oh, vaya!), los falsos amigos prestados de otros idiomas (y gazapos, que hay muchos), o las citas (muchas de ellas falsas, por cierto), la envoltura que le damos a nuestros discursos es, como bien sabemos, algo que nos aleja mucho de nuestro objetivo la mayoría de las veces. Quizá el problema aquí sea el no saber cambiar de registro a la hora de comunicar, ya que no deberíamos explicarle igual un trabajo a un editor que a un cliente, como no es igual hablar con un técnico del ayuntamiento o con el contratista y su cuadrilla…Al menos, yo así lo creo.

El lenguaje nos atrapa, o nos enredamos nosotros solos en él, elijan ustedes. Peo una cosa está clara, y es que la consecuencia es que se nos toma por charlatanes. No sólo por que hablemos mucho, sino porque muchas veces nuestro discurso es vacío, y eso hace que se nos tome por embaucadores. Por mentirosos, vaya. Y de ahí a que no se nos tome en serio, o no se valore nuestro trabajo hay sólo un tropiezo.

 

Un refrán muy castellano dice que al pan, pan y al vino, vino. Que llamemos a la cosas por su nombre y nos dejemos de zarandajas. Que nos perdemos en detalles y en matices como el que hace zoom en autocad y pierde la escala, y con ello, la perspectiva general. Aquí alguno diría que nos la cogemos con papel de fumar… Pues eso.

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8 comentarios en “Arquitectura oral

  1. Una clienta, cuando trataba de explicarle las cosas, me decía que “soy un poeta”. Me daba mucho, mucho coraje. Yo estaba intentando explicarle las cosas en castellano cervantino.
    Cuando escribíamos en el Diario de Sevilla los artículos de arquitectura, el editor nos decía que “escribíamos para marujas”. Nos llenaba de orgullo pensar que cualquiera pudiera entender nuestros artículos.

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  2. Una clienta, cuando trataba de explicarle las cosas, me decía que “soy un poeta”. Me daba mucho, mucho coraje. Yo estaba intentando explicarle las cosas en castellano cervantino.
    Cuando escribíamos en el Diario de Sevilla los artículos de arquitectura, el editor nos decía que “escribíamos para marujas”. Nos llenaba de orgullo pensar que cualquiera pudiera entender nuestros artículos.

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  3. Comentario hecho en G+, publicado aquí con consentimiento del autor:

    OSKAR VELEZ – daniel, no puedo estar más de acuerdo contigo. el discurso arquitectónico es algo que en mi opinión roza en ocasiones lo puramente accesorio. creo que la arquitectura es – debe ser – una disciplina muy simple en cuanto a su comprensión por el usuario: que alguien se sienta cómodo en un espacio-razón final de la buena arquitectura en general- está más relacionado con factores plenamente perceptibles, la luz, las proporciones, el cromatismo, las texturas…. que con otros conceptos más abstractos.
    no quiero minusvalorar nuestra profesión en absoluto, sino el modus operandi de venta de la misma, el cual ya se enseña incluso desde las escuelas, y se promueve en muchas ocasiones desde las propias publicaciones. recuerdo ahora algunos textos que he leído, y más aún el discurso de arquitectos de renombre, y creo que de puro incomprensibles rozan en ocasiones lo cómico.
    creo que es la primera vez que escucho a alguien en este sentido, y también que no somos pocos los que pensamos lo mismo.

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  4. Comentario hecho en G+, publicado aquí con consentimiento del autor:

    OSKAR VELEZ – daniel, no puedo estar más de acuerdo contigo. el discurso arquitectónico es algo que en mi opinión roza en ocasiones lo puramente accesorio. creo que la arquitectura es – debe ser – una disciplina muy simple en cuanto a su comprensión por el usuario: que alguien se sienta cómodo en un espacio-razón final de la buena arquitectura en general- está más relacionado con factores plenamente perceptibles, la luz, las proporciones, el cromatismo, las texturas…. que con otros conceptos más abstractos.
    no quiero minusvalorar nuestra profesión en absoluto, sino el modus operandi de venta de la misma, el cual ya se enseña incluso desde las escuelas, y se promueve en muchas ocasiones desde las propias publicaciones. recuerdo ahora algunos textos que he leído, y más aún el discurso de arquitectos de renombre, y creo que de puro incomprensibles rozan en ocasiones lo cómico.
    creo que es la primera vez que escucho a alguien en este sentido, y también que no somos pocos los que pensamos lo mismo.

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  5. Lo que veo, Oskar, es que nos cuesta mucho cambiar de registro. Está muy bien la retórica en el ámbito académico, a mí me encanta y la disfruto. Pero a veces, y me temo que más por marcar distancias que por incapacidad, no cambiamos el modo de expresarnos ante otros públicos. y así nos luce el pelo…

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  6. Lo que veo, Oskar, es que nos cuesta mucho cambiar de registro. Está muy bien la retórica en el ámbito académico, a mí me encanta y la disfruto. Pero a veces, y me temo que más por marcar distancias que por incapacidad, no cambiamos el modo de expresarnos ante otros públicos. y así nos luce el pelo…

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