Desinformando

Apuntes, Blog, CCAD

El pasado día 11 aparecía en el diario ABC la siguiente noticia: http://www.abc.es/madrid/distritos/20131211/abci-carabanchel-edificio-pritzker-201312101956.html cuya lectura no puedo dejar de hilar con unos comentarios aparentemente sin relación con este tema por parte de Semisótano arquitectos, con una entrada de hace un tiempo de José Ramón Hernández Correa @arquitectamos, (ver artículo) y probablemente con cosas que yo mismo haya dicho o escrito ya alguna vez.

Pero vayamos por partes, y esta será la primera.

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El artículo en cuestión recoge las quejas de los usuarios de un edificio residencial de Carabanchel proyectado por el norteamericano Thom Mayne. A partir de aquí el autor del articulo no da pie con bola, la verdad.

Quizá algún día consigamos (los arquitectos) que dejen de decir que el Pritzker es “el Nobel de la arquitectura”. Sólo con que se informasen un poco los propios periodistas sería suficiente para no confundir a los lectores. Pero en fin…esta la doy por perdida.

El titular del artículo es digno del “curso de ética periodística” de la primera temporada de caiga quien caiga. El pie de foto de la imagen que ilustra el artículo, no es para menos. De traca.

Nos saltamos el primer párrafo del texto, entre otras cosas porque no termino de comprender qué pretende criticar, para llegar al primer hit del artículo. Bueno, más bien es un uppercut directo a la mandíbula:

Un modernista edificio proyectado por Thomas Mayne, ganador de un «premio Pritzker» (el equivalente al Nobel de arquitectura), es la joya de la corona del nuevo ensanche de Carabanchel

Un modernista edificio. Ahí es nada. Pero ojo, que en la siguiente línea, sin punto y aparte ni nada, nos dice que se trata de “una construcción futurista de un llamativo color blanco”.

Cuánto daño han hecho los anuncios de Ariel, con esa señora del futuro vestida de raro. Y de blanco.

Eso, y no tener ni idea de la diferencia entre “moderno” y “modernista”, claro.

 

Si seguimos la entretenida lectura de este artículo, llegamos a una zona poblada de negritas:

A los pocos días llegaron los problemas: humedades, goteras, entradas angostas, tuberías con mal funcionamiento… y hasta el desprendimiento de uno de los característicos techos metálicos que coronan el edificio.

Es lo que tienen las entradas si son angostas, que siempre aparecen de repente, sin avisar.

 

Posteriormente nos glosa cómo los inquilinos han tenido que gastarse su dinero en adecuar y reformar sus viviendas. No bromeo lo más mínimo con este aspecto, aunque me llama la atención una vez más la mezcla de churras con merinas, al decir que los vecinos estaban “hartos de tanto problema estructural”.

Siguiendo, es muy curiosa la cita atribuída al abogado de los afectados:

De nada sirve gastarte la mitad del presupuesto en un grandísimo arquitecto si luego aprietas a la constructora para que salga una chapuza en la ejecución.

Me parece extraño que un abogado no sepa cómo funciona una licitación pública. Me parece muy extraño que se carguen las tintas sobre los honorarios elevados del arquitecto, supuestamente por ser célebre, cuando de ser eso correcto, estaríamos ante una ilegalidad denunciable: los honorarios deberían ser los marcados en la oferta económica presentada en el concurso. Ni un céntimo más. Y a la baja.

Lo que me sorprende de modo especial es el párrafo en el que el periodista explica claramente y sin lugar a dudas que

El Juzgado de Primera Instancia nº 89 de Madrid ha condenado el pasado mes de septiembre a la EMV a pagar 760.440 euros por los defectos en la construcción. La sentencia «hace responsable al Ayuntamiento y a la empresa constructora» de los desperfectos.

ante lo cual yo le pregunto al autor del artículo el por qué del título en el que carga contra el arquitecto como responsable único de la chapuza.

No pretendo defender al arquitecto por encima de todas las cosas como si fuera ajeno y no tuviera ninguna responsabilidad, que vaya si la tiene, faltaría más. Ni mucho menos pretendo defender concretamente a Mr Mayne, cuya obra y discurso teórico me resultan un tanto alejados. Pero creo que se carga sobre la ficha más débil del puzzle de la construcción. ¿Por qué no se cita el nombre de la empresa constructora, el del aparejador, el del jefe de obra, por ejemplo?

Creo, además, que se incurre en una serie de lugares comunes que no aportan nada (los honorarios elevados, los retrasos, los premios) y que denotan una falta de conocimiento de los mecanismos de la construcción de obra pública por parte del periodista que desde mi punto de vista son muy graves, en tanto en cuanto confunden e informan mal.

(Este último fragmento lo he publicado como comentario en el propio artículo de ab, por si sirviera de algo.)

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