Posicionamientos

Lecturas

Aldo Rossi (Milán, 1931-1997) no es de lectura fácil, sin duda. Enfrentarse a un texto de un arquitecto que con su pensamiento y su discurso ha influido en la forma de enfrentarse al problema de la ciudad, exige ser consciente de la envergadura del autor.

“Posicionamientos” (GG, 2018), es una gran oportunidad de acercarse al teórico italiano a través de tres breves ensayos en los que da vueltas al concepto de la teoría proyecto arquitectónico y de su gran obsesión: la ciudad.

“[…]un curso de teoría del proyecto debería ser el eje principal de una escuela de arquitectura.”

Rossi entiende la arquitectura como un eje vertebrador de la sociedad, imposible concebir la evolución de la civilización si su concurso, y base fundamental de la esencia de la misma: la ciudad. Lo privado y lo colectivo. La vivienda y el monumento.

A lo largo del libro nos habla de la evolución de la arquitectura a través de la evolución de la tipología. Nos hace una perfecta distinción entre distribución y tipo. Entre modelo y tipo. Nos explica cómo la tipología es la esencia y lo universal, y cómo se manifiesta a través de los modelos que van haciendo evolucionar la arquitectura y, por tanto, la ciudad.

Termina este pequeño libro con una explicación de dos proyectos en la que me interesa especialmente la recurrente obsesión que demostramos los arquitectos por intentar construir alguna idea. Ideas que creemos buenas soluciones y que vamos probando, mejorando, matizando y puliendo a través de los proyectos hasta, tal vez algún día, construirlas y darles forma.

“Aquel proyecto […] tiene mucha importancia para mí; es como un esquema formal al que siempre me he referido. […] Tiene la fuerza de un esquema, de una idea, de una referencia.”

 

 

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Un paseo. Una esperanza.

Apuntes, Pintura, procesos, Textos

Hace unos meses recibí por sorpresa una llamada de mi buen amigo Kike (con k, de kilo), una de esas personas de las que había oído hablar bien antes de conocerle y que cuanto más tiempo pasa más me reafirmo en la primera sensación. Un culo inquieto que de vez en cuando se para a mirar a ver en qué otro charco se puede meter.

Me explicó, como pudo, cómo le llegaba ya el agua por las rodillas, y me propuso una colaboración en forma de cuadro para un proyecto sobre la arquitectura del cambio de siglo (del XIX al XX) y la del desarrollismo, en la ciudad de Valladolid (offtopic: no deja de ser curioso que alguien que no es de la ciudad esté haciendo tanto por la difusión de la arquitectura local).

Acrílico sobre papel 55x65cm. 2017.

 

En el mismo momento en que hablábamos sobre el tema tuve clara mi elección, y hace un tiempo que intento dejarme llevar por el primer impulso. Copio y pego el texto que redacté hace unos días una vez finalizado el cuadro que ilustra esta entrada y que forma parte de la exposición Continuo contraste*.

La elección del edificio de la esquina del Paseo de Zorrilla con el Camino de la Esperanza no ha sido casual, supongo. Lo considero un ejemplo claro de ese tipo de edificios de los que se dice que “hacen ciudad”, porque sabe perfectamente dónde está situado y desde un lenguaje sobrio y sin tapujos se adapta a su propia circunstancia con la naturalidad de quien siempre ha estado ahí.

Porque es un edificio que si no estuviera ahí, habría que hacerlo.

Es un edificio que yo siempre he visto desde el movimiento del coche o del autobús, de esos edificios puntos que se distinguen en la ruta, que marcan un hito. Un lugar que ves fugazmente pero que permanece ahí, siempre presente. Una eterna fugacidad.

Esto podría decirse de casi cualquier edificio, pero es que además es un edificio que nos presenta una disyuntiva. Creo que el 99% de las veces he pasado siempre del mismo lado, por el Pº Zorrilla, pero uno siempre se pregunta qué habrá por el otro camino.

Y creo que esa es la clave de la ciudad: la posibilidad. El rodeo. El ir por otro lado. El perderse. Y encontrarse gracias a elementos que fijan el territorio, que atan las calles, que se agarran a nuestra memoria y anclan nuestros recorridos.

Pintar este cuadro ha sido un ejercicio muy interesante para mí. Aparte de la reflexión sobre mi ciudad (aunque ya no viva allí, sigue siendo el lugar en el que más tiempo he pasado), y sobre un edificio que como he comentado siempre ha estado muy presente (a pesar de no estar cerca de ninguna de las zonas en las que he vivido, he pasado por delante innumerables ocasiones), me ha permitido seguir explorando mi pintura.
Sigo buscando mi lenguaje, a veces más sucio, más enrevesado, a veces más limpio y directo. Intento lograr la representación de lo real de forma no mimética pero sí realista, entendiendo el realismo como una percepción, no como una categoría: las cosas son, pero nosotros percibimos algo que no tiene por qué ser la realidad; si acaso la realidad es siempre subjetiva, personal, única. Sí… mientras pinto pienso en estas cosas. Me fascina la capacidad de nuestro cerebro para generar una imagen realista a partir de un amasijo de manchas de colores sobre un plano y me interesa mucho buscar el límite de lo que el ojo (el cerebro) es capaz de fundir e identificar como forma real antes de caer en lo abstracto. Mi objetivo sería una pintura pareidólica (si es que acaso no toda pintura lo es).

Aquí algunos detalles de la obra.

 

CONTINUO CONTRASTE, en La Gran, Claudio Moyano 16, 2º – Valladolid

+ Sigan a Kike en las redes, aunque solo sea por ser en incansable organizador del PechaKucha Valladolid. Y échenle un ojo al proyecto ArquitecturaVa.

++ La Gran: un enorme proyecto en un espacio chiquitito.

+++ En todo esto también anda metido Pedro. Un arquitecto, ciclista, gran fotógrafo, amigo de meterse en charcos también, inspirador de estas notas al pie en su blog.

++++ Beban agua del grifo. Ya lo entenderán.

+++++ Estas fotos son de mi propiedad, pero si quieren compartirlas, sólo hagan mención a este artículo como origen o a mí mismo como su autor.

Conversaciones con Enric Miralles

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gg_cu_conversacionmiralles_05_16Creo que no me equivoco si afirmo que a todos los arquitectos de mi generación nos hubiera encantado poder conversar con Enric Miralles.

Este pequeño libro de Carles Muro editado por GG nos permite soñar que habla con nosotros y nos explica su forma de entender la profesión y de practicarla. Su forma de ahondar constantemente en el misterio de la arquitectura. El valor de la repetición, como proceso y como resultado. Como parte de la vida misma y, por tanto, de la arquitectura y del proyecto.

Nos explicará su opinión sobre algunos arquitectos de referencia, de los históricos y de sus coetáneos, con frases que condensan una comprensión que a muchos se nos escapa, pero que nos ayuda a comprender su forma de mirar el trabajo de otros.

Gracias a estas conversaciones con otros, que leemos como propias, a través de sus dudas, cavilaciones y explicaciones, podremos averiguar la complejidad del proceso de proyecto de sus edificios e incluso su resignación ante su propia forma de pensar y proyectar:

Generalmente bromeo cuando me preguntan si el próximo proyecto será cuadrado. ¡Ya me gustaría!. Al final aceptas que tu interés se mueve en otra dirección.

Y cómo valoraba la calidad viva del proyecto:

Hay un modo de enfocar el trabajo, pero eso no garantiza el resultado.

 

Un pequeño libro con un enorme contenido que puede ayudarnos a salir de inercias y rutinas a través de los diálogos de un Enric Miralles en plenitud.


Conversaciones con Enric Miralles

Carles Muro (ed.)

Colección Conversaciones con…

14 x 20 cm
96 páginas
ISBN: 9788425228346
Rústica
2016

 

 

CUATRO HORIZONTES. RONCHAMP.

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Cuatro autores. Cuatro visitantes. Cuatro puntos de vista. Cuatro horizontes.

En ocasiones, leer sobre arquitectura supone entrar en los pensamientos más íntimos de la persona que los escribe. Y si estamos ante un edificio religioso, este sentimiento se acentúa todavía más, pues nada más íntimo que la espiritualidad de cada uno. Sin embargo, John Christie consigue que leamos en apenas un rato una conversación a cuatro entre él mismo, John Berger y las monjas sor Telchilde Hinckley y sor Lucia Kuppens.

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Una conversación entre cuatro personas que comparten sus impresiones tras visitar la capilla de Notre Dame du Haute en Ronchamp en octubre de 2009. Primero nos relata cómo llegan al edificio, tanto en términos físicos (el recorrido que realizan cada día para llegar a la capilla) como el recorrido emocional e intelectual de cada uno, ya que algunos ya conocían el lugar y otros era la primera vez que lo visitaban. Esto, unido a las realidades de cada persona(je), nos presenta al protagonista principal del texto, que es la iglesia, y a través de ella, su autor: Le Corbusier.

Aparte de algunas curiosidades sobre el encargo, sobre el proceso de ejecución, etc. el texto nos enfrenta, de forma continua, con Le Corbusier y su capacidad para crear un espacio de una espiritualidad fuera de toda duda.

“cuando entras no tienes la sensación de estar en una caja geométrica, sino que es muchas, muchas cosas, pero ciertamente nunca una caja.”

Lo esencial, los colores, los materiales. Lo maternal. La relación entre LC y su madre, Marie. Y la Virgen. Y el interior, y el exterior. El azar, y los caprichosos agujeros por los que entra la luz como si fueran estrellas. La cueva, la oscuridad. El útero. La capilla roja.

“pone a la madre por encima de la cruz.”

 

Es una lectura agradable, breve, con la que se aprenden muchos matices de la obra y que permite abrirnos a una serie de puntos de vista muy interesantes tanto sobre la obra como sobre el autor de la misma.


Cuatro horizontes

Una visita a la capilla de Ronchamp de Le Corbusier

John Berger, John Christie, sor Techilde Hinckley, sor Lucia Kuppens

12 x 18 cm
96 páginas
Traducción de Pilar Vázquez
ISBN: 9788425228728
Rústica
2015

Error.

Apuntes, procesos

Pintar es aprender a gestionar el error

supongo que podríamos decir lo mismo de casi cualquier disciplina.
Aprender a controlar la técnica y los propios impulsos para que cuando sobrevenga el fallo -no si, sino cuando- podamos, con naturalidad, corregir y seguir avanzando.

12-16-2015-errores

En El sol del membrillo podemos ver los tortuoso que puede llegar el proceso de producción de un cuadro, extensible a casi cualquier disciplina artística. Antonio López busca, y busca, y busca… cuando se da cuenta de lo que está buscando y de que aún no lo ha capturado, el membrillo que usa como excusa para lograrlo empieza a decaer. Y de nada servirán los apeos para sujetar las ramas, ya que el ritmo inexorable de la naturaleza, el verano que avanza, hará lo que tiene que hacer con el árbol, por mucho que éste se encuentre en el mismísimo patio del genial pintor.

Por eso me resulta un poco bochornoso que se aireen supuestos errores de grandes cuadros de la Historia. Como si ser un genio significase no poder equivocarse, cuando es justo la capacidad de enmendar los errores y convertirlos en otra cosa lo que los convierte en referencias. Ese airear intimidades que hubieran debido quedar en la cancha, entre el pintor, el lienzo y los aceites, tiene ciertos tintes de prensa rosa que, sinceramente, detesto. ¿Acaso no se sabía ya que muchos lienzos han sido reutilizados tras cuadros fallidos para luego pintar encima otra cosa?

Ahora va a resultar que cualquier paso dado por un artista, por un artesano, por cualquiera, puede quedar registrado del alguna manera, así que átense los machos, no nos vayan a mirar el historial de photoshop en el futuro*!
Otra cosa bien distinta es mostrar un proceso de trabajo, documento del cual podemos aprender mucho. Pero escarbar en las capas de pintura de un cuadro en busca de fallos, de manos corregidas, de animales que ahora están, ahora no… lo veo más bien como unas ganas de pillar en un renuncio a un grande.
Y es que mira que nos gusta derribar mitos.

Con lo que molan los mitos.


* Y que miren sólo el historial de photoshop, o el de Autocad, no vaya a ser que miren el del navegador de internet…

** Anímense a comentar, que para eso estamos. Y para compartir, si les ha gustado. Gracias por leer en cualquier caso.

Jaume, entre otros arquitectos.

arquitectura, Personas

La primera vez que oí hablar de Jaume Prat fue en 2006, en una Barcelona de resaca tras el Fórum de las Culturas. Él había salido de MAP, el nombre con el que por entonces se conocía al estudio de Josep Lluís Mateo (ahora Mateo Arquitectura) apenas uno o dos meses antes de que yo aterrizase allí, como parte de una nueva hornada de jóvenes colaboradores. Era momento de cambios en el estudio tras el enorme esfuerzo que supuso el CCCB y el Hotel AC Forum con la torre de oficinas CZF.

Fue la primera vez que oí hablar de un compañero con auténtico respeto, con admiración y con, casi, devoción. Su fama le precedía, ya por entonces.

Pude conocerle un par de meses después, en una de las cenas de compañeros que hicimos (la primera para mí, claro – en el Out of china) a la que siempre acudían algunos “ex-map” y en las que hacíamos piña*. Reconozco que estaba muy intrigado. Y lo único que hice fue escucharle en sus conversaciones con otros veteranos del estudio (si habéis trabajado en estudios de cierta envergadura, queriendo o sin querer, se marcan las distancias entre novatos (daba igual de dónde vinieras) y veteranos -en Map, los novatos éramos los encargados de recoger donativos con un autobús-hucha para ir a comprar el desayuno los días que no estaba el jefe -oops!).

Cuando años más tarde le ví por las redes y conocí su blog, ya estaba dispuesto a leerle con ganas. Pero es que su blog, o web, o como demonios queráis llamarlo, es una de esas lecturas obligatorias que ningún estudiante o arquitecto o persona cabal, debería perderse.

Jaume sabe mucho de muchas cosas, pero es que además se informa y documenta muy bien antes de arrojar un manojo de palabras sobre la pantalla. No escribe por escribir, sino que utiliza su blog para ordenar ideas que de otra manera se quedarían en intuiciones dentro de su cabeza y eso se nota. Y además podemos leerlas. Gracias por eso, Jaume.

Su capacidad de relacionar temas, conceptos, de analizar hasta detalles insospechados, de hilar historias y acontecimientos en líneas temporales discontinuas, su ironía, su sabiduría, su valentía a la hora de tomar una posición, es sencillamente abrumadora. Y otra cosa muy importante y que es lo que más me gusta, la honestidad con la que reconoce sus propias incongruencias, sus propias contradicciones.

Su blog es uno de esos lugares en la red que puedes visitar cuando quieras, ya que los textos no suelen estar vinculados a eventos, o a acontecimientos concretos que lo hagan caducar. Al contrario, algunos de los artículos conviene leerlos repetidas veces, en diferentes momentos. Saborearlos. El artículo “Jodido autofocus” es impresionante. Literatura arquitectónica en estado puro. Uno de los pocos lugares donde leer crítica arquitectónica independiente, no crítica profesional, sino arquitectónica, ojo. Su forma de desgranar los proyectos…

Alguna vez he dicho que leer a Jaume me resulta tremendamente inspirador, que dan ganas de ponerse a hacer arquitectura para intentar acercarse a lo que él nos transmite con sus palabras. Que siga siendo así.

Id a leer Arquitectura, entre otras soluciones. Y también podéis descargar el ebook de scalae.


*Cabe destacar el increíble trabajo de selección que hace para el estudio la arquitecta Marta Cervelló. Una maquinaria de más de 20 personas tiene que funcionar bien sí o sí. Y en los dos años que pasé allí no hubo nunca un fallo en los engranajes. Mi recuerdo de Barcelona siempre estará unido a Vicky, Gonzalo, Ben, Ismael, Lucas, Adriana, Bianca, Paula, Joana, Enri, Marta, Boris, Markus, Arno, Xavi, Vicky L, Rafa, Yolanda, Jordi, Anna, Enric, Isabel, y por supuesto, Josep Lluís y Marta (y hasta tengo un recuerdo para los informáticos!).

Koolhaas, acerca de la ciudad.

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Ese es el título bajo el cual la editorial Gustavo Gili recoge cuatro escritos de Rem Koolhaas (Róterdam, 1944) que nunca habían sido publicados de forma conjunta anteriormente: “Qué fue del urbanismo” (1994), “Grandeza, o el problema de la talla” (1994), “La ciudad genérica” (1997) y “Espacio basura” (2002).

Ilustración (c) Daniel Moyano

Ilustración (c) Daniel Moyano

Destaco, por cierto, que el primero de estos textos lo escribió con ya 50 años y tras 20 de trayectoria profesional al frente de OMA. Y por afinar, el más temprano de estos ensayos se sitúa a 16 años de la gran obra escrita de Koolhaas (“Delirious New York” data de 1978).

Negar la influencia de Koolhaas a estas alturas sería algo ridículo, por lo que no resulta exagerado decir que nos encontramos ante una publicación de obligada lectura para comprender algunos aspectos fundamentales del pensamiento del holandés en relación al urbanismo y a la ciudad. Ha pasado, además, bastante tiempo desde la concepción de estos textos como para que algunas de las tesis que se arrojan puedan ser contempladas con perspectiva suficiente.

Ya en 1994 en “Qué fue del urbanismo” nos plantea la paradoja tremenda de que justo cuando más rápido y en mayor superficie se están (estaban) desarrollando las ciudades, haya desaparecido el urbanismo como profesión. Contrapone urbanización a urbanismo, asegurando que la primera ha terminado por modificar tanto al segundo que lo ha dejado irreconocible.

El segundo de los textos, “Grandeza, o el problema de la talla” es de otro orden. En él Koolkaas desarrolla conceptos un tanto complejos (a veces forzadamente complejos) con intrincados juegos de palabras que no facilitan mucho la lectura ni la comprensión. Quizá sea el texto más ligado a su propio trabajo y una forma de justificar futuras intervenciones.

“La Grandeza ya no necesita la ciudad: compite con la ciudad; representa la ciudad; se adelanta a la ciudad; o mejor aún, es la ciudad.”

El tercero de los ensayos, “La ciudad genérica”, nos propone una teoría de convergencia de la ciudad contemporánea hacia un único modelo. Como plantea la primera frase del escrito: ¿va el modelo de ciudad hacia algo parecido a los aeropuertos: todos iguales?.

En este panorama, la ciudad carece de historia ya que, sencillamente, no le hace falta. Es ajena a su propio pasado y sólo piensa en satisfacer las necesidades presentes, sin importar tampoco el futuro. Ya se adaptará cuando sea preciso.

De este modo las ciudades acaban por uniformar su identidad unas con otras, llegándose incluso a que ciudades con una marcada identidad decidan ir abandonándola paulatinamente para se de más fácil deglución.

Por último, “Espacio basura” es quizá el más ácido de los cuatro textos. En él describe, en muchos ámbitos y niveles (no sólo en arquitectura), las consecuencias del movimiento moderno y del siglo XX.

“El “espacio basura” es el residuo que la humanidad deja sobre el planeta. […] El “espacio basura” es lo que queda después de que la modernización haya seguido su curso o, más concretamente, lo que se coagula mientras la modernización está en marcha: su secuela.”


Acerca de la ciudad

Rem Koolhaas

12 x 18 cm
112 páginas
ISBN: 9788425227530
Rústica
2016 (1a edición , 3a tirada)

Dibujar un pensamiento

arquitectura, Pintura, procesos

El tiempo que transcurre mientras nuestra mano traza una línea, el cerebro ya está procesando el siguiente paso, o quizá alguno más adelante. Y al ver la línea dibujada, vamos montando mentalmente un puzzle, entre lo imaginado, lo plasmado y lo que falta por reflejar.
De forma siempre incompleta. Siempre insuficiente. Porque en ese proceso, invariable en inevitablemente, se pierde información.

Croquis-vestibulo-01No existe dibujo capaz de reflejar exactamente un pensamiento. Si acaso, podremos acercarnos mucho, pero siempre será imperfecto.
Porque cada vez que pensamos un espacio, una figura, un objeto… lo volvemos a crear.
Añadimos y quitamos. Mejoramos. Pulimos y perfeccionamos. Incluso cuando no somos capaces de visualizar el cambio que estamos pensando, justo cuando tenemos la extraña sensación de estar haciéndolo bien.

Esa sensación de estar creando algo.

Pero los dibujos, por buenos que sean, no sienten.
Los dibujos, si son buenos, transmiten algo parecido a lo que el creador sentía.
Pero la única certeza es que nunca sabemos si de verdad estamos conectando con aquella sensación inicial, la que lo provoca todo.

Nos contentamos pensando que sí. Y cada uno completa el puzzle con sus propias piezas.

La didáctica de lo mutable

arquitectura, Lecturas, procesos

He estado releyendo un artículo de Ignacio Paricio para la revista AV publicado en el número 86 “Vivienda en detalle” en noviembre del año 2000, y no puedo dejar de pensar en que se podría volver a escribir hoy mismo sin cambiar ni una coma.
Sí, habéis leído bien… en un artículo de hace 14 años se evidenciaba que el modelo “estar y tres dormitorios” estaba obsoleto y que no respondía a los cambios que la sociedad iba acometiendo (porque los cambios, si somos optimistas, no se sufren: se hacen).

La casa que gira, y crece... (basado en la pintura de Paul Klee, La casa giratoria.

La casa que gira, y crece… (basado en la pintura de Paul Klee, La casa giratoria.

Las necesidades van cambiado, pero también cambian las posibilidades. No deja de ser paradójico que una persona soltera pueda tener mucho más dinero disponible para adquirir o alquilar su vivienda, en comparación con una familia de, pongamos 2 ó 3 hijos, aún cuando ambos padres tengan trabajo y sueldo. Se da así la incongruencia de que una persona, con una necesidad teórica de espacio mucho menor, pueda tener mucho más que una familia numerosa que sí lo necesite.

Por otro lado la forma de vivir de nuestra generación no es exactamente igual que la de nuestros padres. Pongamos un caso típico de familia con dos hijos: 4 personas, 4 horarios diferentes (viva la conciliación), 4 necesidades espaciales cambiantes y distintas…

Comentaba ya Paricio en su artículo el caso de un niño que dispone de una habitación de 8m2, que cuando pasa a ser joven se convierte en un apartamento (es dormitorio, sala de tv, sala de estudio y de reuniones) parásito de la vivienda con la que sólo comparte el baño y el frigorífico, pasando a ser una unidad habitacional casi completa. Completamente disfuncional, claro.

Cada vez más se fusionan los horarios de familia y de trabajo. No digamos los lugares, confundiéndose hasta la mímesis, viéndonos en la obligación de habilitar rincones de trabajo en dormitorios, en salones, en espacios residuales… Espacios de trabajo que se usan sólo unos minutos cada día (ese comercial que no tiene oficina pero que cada noche ha de enviar el resumen diario a la oficina central), espacios de trabajo que se usan a media jornada (ese autónomo que decide trabajar medio día en casa para compatibilizar su horario con el del niño que por la tarde no tiene cole), espacios de trabajo que se usan a jornada completa (incluidos fines de semana, excepto la comida familiar del domingo, para lo cual hemos de apartar los trastos y sacar un par de sillas de detrás del sofá), espacios de trabajo que no necesariamente son una mesa y un ordenador, sino mucho más complejos (cocina en casa, talleres de todo tipo, músicos que ensayan…).

¿Y qué podemos hacer los arquitectos en todo esto? En teoría, mucho. Bueno, digamos que la teoría ya está escrita, de hecho. Pero quienes tienen en realidad la llave para que el cambio de modelo de vivienda realmente llegue a materializarse (más allá de ejemplos concretos que acaban convirtiéndose en caricaturas, la mayor parte de las veces), la llave, decía, la tienen los promotores y los usuarios.

Para que ambos demanden del arquitecto la capacidad de proyectar espacios realmente fluidos y realmente adaptables a necesidades cambiantes, lo que es fundamental es que se comprenda que la arquitectura tiene esa capacidad, que no tiene por qué ser algo estático, fijo e inmutable.

Luego, eso sí,  se critica vehementemente a grandes multinacionales del mueble que proponen soluciones adaptables (y muy válidas en algunos casos) que los usuarios hacen suyas de inmediato.

La clave está en la capacidad didáctica.